K'ung-fu-tzu


La vida del gran maestro Confucio (K'ung-fu-tzu)

Confucio (en chino simplificado y tradicional, 孔夫子; pinyin, Kǒngfuzǐ; Wade-Giles, K'ung-fu-tzu, lit. "Maestro Kong"; Qufu, nacia en Lu un 28 de septiembre de 551 a. C. - y moriria en Lu un 11 de abril de 479 a. C.).

Fue un reconocido pensador chino cuya doctrina recibió el nombre de confucianismo.​ Procedente de una familia noble arruinada, a lo largo de su vida alternó periodos en los que ejerció como maestro con otros en los cuales fue funcionario del pequeño estado de Lu, trabajó de carpintero en el noreste de China, durante la época de fragmentación del poder bajo la dinastía Zhou o período de los Reinos Combatientes (770-476 a. C.).

Tras establecerse el Imperio chino en el 221 a. C., su filosofía fue suprimida en favor del Legalismo. Sin embargo, dicha filosofía fue abandonada tras la caída de la dinastía Qin y el ascenso de la dinastía Han. Las enseñanzas de Confucio fueron oficializadas durante el reinado del Emperador Wu (141-87 a. C.), estableciéndose como la corriente de pensamiento más popular de los siguientes 2000 años. Confucio es considerado como uno de los pensadores más importantes de la historia de la humanidad debido al gran impacto que ha tenido su filosofía tanto en China como en el mundo.​

K'ung-fu-tzu

El nombre habitual de Confucio en chino mandarín es Kǒngzǐ, literalmente «Maestro Kong», aunque muchas veces se escribe «Kung Fu Tse». Una variante de este nombre, poco habitual actualmente, es Kǒng Fūzǐ, de la que se deriva el nombre tradicional en español a partir de la forma latinizada Confucius.

Su Historia

Nació en el pueblo de Zou en el antiguo Estado de Lu, en el actual Qufu de la provincia de Shandong, en el seno de una familia de terratenientes nobles, el clan de los Kong. Su padre murió cuando Confucio tenía tres años y dejó a la familia en la pobreza. Confucio, a pesar de ello, recibió una esmerada educación.

Siendo aún joven, trabajó para la administración del estado de Lu. Su primer trabajo fue en los graneros estatales y llegó a alcanzar el rango de ministro de Justicia. Dimitió del cargo años más tarde, ya que no estaba de acuerdo con la política que seguía el príncipe.

Una de sus grandes influencias fue Zi Zhaan, primer ministro de Cheng, quien introdujo el primer código jurídico en China. 

También influyó en Confucio el escepticismo de su época en lo concerniente a la religión, pues a causa de haber sufrido muchas guerras se había perdido la fe en los dioses. A los cincuenta años comenzó sus enseñanzas. Viajaba solo de un lado a otro instruyendo a los contados discípulos que se reunían en torno a él. Su fama como hombre de saber y carácter, con gran veneración hacia las ideas y costumbres tradicionales, pronto se propagó por el principado de Lu, y luego a toda China.

A partir de la dinastía Han, diversos emperadores se inspiraron en la obra de Confucio para organizar la sociedad china. En los siglos posteriores sus enseñanzas ejercieron una poderosa influencia en la filosofía y en la historia de China.

Durante la segunda mitad de la época en que China estuvo regida por la dinastía Zhou, antes de Confucio, el gobierno central sufrió un proceso de degeneración y decadencia, y las intrigas y la relajación de costumbres se generalizaron. Confucio lamentaba el desorden característico de aquellos tiempos, así como la ausencia de modelos morales que revertieran tal situación. Por ello, llegó a la conclusión de que el único remedio era recuperar y difundir entre la población los principios y preceptos de los sabios de la antigüedad. Por este motivo instruía a sus estudiantes en los clásicos de la literatura china. También subrayó la importancia de la música china, que en aquella época tenía funciones ceremoniales y religiosas en las prácticas del Estado y del culto. Propugnó el gran valor del poder del ejemplo. Los gobernantes, decía, solo pueden ser grandes si llevan vidas ejemplares y se guían por principios morales. De esta forma, los ciudadanos de sus estados tendrían el necesario estímulo para alcanzar la prosperidad y la felicidad.

Una popular tradición sobre su vida establece que a los 50 años de edad se convirtió en magistrado de Zhongdu y un año después fue nombrado para ejercer en Lu un cargo equivalente al de ministro de Justicia. Se cuenta que, a los pocos días de ser nombrado ministro, mandó ejecutar en el principado de Lu a un noble, Chao Chong Mao, delante de las puertas de su castillo, y ordenó, además, que su cadáver fuera expuesto durante tres días. Cuando le preguntaron cómo se atrevía a hacer aquello con uno de los hombres más considerados en Lu, Confucio respondió que aquel hombre, además de ser un indeseable, poseía algo que lo hacía más peligroso: era tan brillante y tenía tal facilidad de palabra que sería capaz de arrastrar a otros en sus errores.

Confucio habría establecido numerosas reformas que condujeron a una administración de justicia caracterizada por su imparcialidad y a la práctica erradicación del crimen. Lu llegó a ser tan poderoso que el gobernante de un estado vecino intrigó para conseguir la destitución del ministro. Es más probable, sin embargo, que solo fuera un funcionario menor. En cualquier caso, Confucio dejó su cargo en el 496 a. C. y se dedicó a viajar por diferentes territorios impartiendo clases y esperando en vano que algún otro príncipe le permitiera emprender reformas. En el año 484 a. C., después de que su búsqueda de un gobernante ideal se revelara por completo infructuosa, regresó por última vez a Lu. Pasó el resto de su vida escribiendo comentarios sobre los autores clásicos. Fue enterrado en Qufu (Shandong) en el año 479 a. C. El templo y cementerio de Confucio, así como la residencia de la familia Kong fueron declarados Patrimonio cultural de la Humanidad en 1994.

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Su Pensamiento

La esencia de sus enseñanzas se condensa en la buena conducta en la vida, el buen gobierno del Estado (caridad, justicia y respeto a la jerarquía), el cuidado de la tradición, el estudio y la meditación. Las máximas virtudes son: la tolerancia, la bondad, la benevolencia, el amor al prójimo y el respeto a los mayores y antepasados. Si el príncipe es virtuoso, los súbditos imitarán su ejemplo, siguiendo el modelo gobernante/súbdito, padre/hijo, etcétera. Una sociedad próspera solo se conseguirá si se mantienen estas relaciones en plena armonía. La base de la doctrina confuciana es recuperar a los antiguos sabios de la cultura china e influir en las costumbres del pueblo.

El maestro Kong fue el primero que reunió a un grupo de discípulos provenientes de distintos principados para formarlos adecuadamente en el buen gobierno. 

Junto con las medidas a tomar que ya había formulado en su época de joven funcionario, propuso llevar a la práctica sus ideas basándose en el respeto de las Tres Dinastías y recuperar la política del duque de Tcheu. Confucio confiaba en que un príncipe siguiera sus indicaciones. De este modo, al final de un ciclo de doce meses, se habría logrado algún resultado; en tres años, su proyecto social se habría consumado a la perfección. Se puede resumir la doctrina confuciana en una serie de mandatos que deberían ser los principales deberes de todo hombre de gobierno:

  1. Amar al pueblo, renovarlo moralmente y procurarle los medios necesarios para la vida cotidiana.
  2. Por este motivo, debe servirse en primer término con soberano respeto a Aquel que es el Primer Dominador.
  3. Cultivar la virtud personal y tender sin cesar a la perfección.
  4. En la vida privada como en la pública, observar siempre el sendero superior del «Justo Medio».
  5. Tener en cuenta las dos clases de inclinación propias del hombre: unas proceden de la carne y son peligrosas; las otras pertenecen a la razón y son muy sutiles y fáciles de perder.
  6. Practicar los deberes de las cinco relaciones sociales (explicadas más abajo).
  7. Tener por objeto final la paz universal y la armonía general.
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En el poco legado escrito que dejó, las Analectas, una colección de conversaciones con sus discípulos, se puede observar que basaba toda su filosofía moral en una enseñanza central: el ren (jen), que es la virtud de la humanidad y a su vez está basada en la benevolencia, la lealtad, el respeto y la reciprocidad. Estos valores son imprescindibles en las relaciones humanas, que Confucio describió:

  1. Entre gobernador y ministro.
  2. Entre padre e hijo.
  3. Entre marido y mujer.
  4. Entre hermano mayor y hermano menor.
  5. Entre esclavos y dueño.

Estas relaciones tienen, además, una característica principal: el superior tiene la obligación de protección y el inferior, de lealtad y respeto. 

En último término, todas las personas están sujetas a la voluntad del Cielo (tiamchi; t’ien-chih), que es la realidad primera, la fuente máxima de moralidad y de orden. No es el tema de especulación, pero en cierto modo está relacionado mediante el ritual. En algunos textos es sinónimo de Shang-ti, el señor supremo. El Emperador gobernaba por mandato del Cielo.

Según Confucio, además del ren y las relaciones adecuadas, son precisos los rituales y el sacrificio regular. El culto al Cielo requería del Emperador, en tanto que «hijo del Cielo», que realizase un sacrificio animal al año en el templo del Cielo de Pekín. También se ofrecían sacrificios a la tierra, al sol, a la luna y a los antepasados imperiales. No obstante, todo lo que Confucio quiso llevar a cabo no era nuevo, sino que correspondía, como él mismo confesaba, a lo ya dicho por una larga tradición de sabios. Sus ideas estaban basadas en una herencia espiritual que la escuela de los ru o letrados, y más concretamente el mismo Confucio, habían compilado y sistematizado de forma sublime.

También se atribuyen a Confucio los «Cinco Clásicos», que aparecieron con posterioridad a la muerte del maestro. Tras ésta, su obra y su vida se convirtieron en objeto de culto y generaron todo un paradigma en torno a sus enseñanzas, las cuales alcanzan nuestros días.

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Los Descendientes

La familia de Confucio, los Kong, es la más extensa y antigua de todo el mundo, con más de dos millones de descendientes registrados hasta la fecha.​ Su árbol genealógico completo, incluyendo ramas alternas y descendientes femeninos, abarca hasta 83 generaciones.​ Para verificar la veracidad de la línea de sucesión, el gobierno de la República Popular China llevó a cabo un proyecto científico en el que se analizaría el ADN de las distintas ramas de la familia de Confucio. Sin embargo, se prefirió no llevarlo a cabo debido a la enorme importancia cultural de Confucio y su familia.

Los descendientes de Confucio han sido condecorados desde la era de la dinastía Han, recibiendo diferentes títulos nobiliarios a lo largo de la historia. El primero de estos fue Kong Ba (孔霸), de la décimo-tercera generación. En 1055, durante el reinado del Emperador Renzong de Song, se creó el título de "Duque de Yansheng", ostentado por primera vez por Kong Zongyuan (孔宗願), de la generación № 46.

Sus descendientes continuaron usando este título hasta su abolición por el gobierno nacionalista en 1935, tras lo cual fue reemplazado por el título honorífico de "Oficial de sacrificio a Confucio", el cual continúa existiendo en la República de China (en la Isla de Taiwán). Kung Tsui-chang (孔垂長), de la generación № 79, es el portador del título desde el año 2008.

Bibliografía

Hemos consultado los siguientes texos:

  • Confucio (2009). Analectas. EDAF. Madrid. ISBN 978-84-414-0317-8.
  • Lévi, Jean (2005). Confucio. Traducción Albert Galvany Larrouquere. Madrid: Editorial Trotta. ISBN 978-84-8164-794-5.
  • Suárez, Anne-Hélène (1997). Lunyu. Reflexiones y enseñanzas de Confucio. Clásicos Kairós. Barcelona. ISBN 978-84-7245-366-1.
  • Yu Dan (2009). Confucio para el alma o las claves milenarias para ser feliz. Editorial Planeta. Barcelona. ISBN 978-84-08-08845-5.
  • Bueno, Marta (1979). Sabes quién? Sabiduría. Océano Grupo Editorial. Barcelona. ISBN 84-7764-883-2.

Miguel Rico Lopez

Psicológo, Conferencista, Coach de Vida y Maestro de Meditación.

Cada camino que tomamos, nos lleva a un destino que hemos elegido anteriormente.

El camino que elegimos es por lo tanto nuestra responsabilidad absoluta.

Escribir un camino es como una partitura, requiere tiempo, armonía y silencios.

Y cuando se escribe una buena melodía, el resultado es grandioso.

Uno se puede sentar a escuchar con agrado una buena pieza musical, pero difícilmente lo hará cuando el sonido se parece más al ruido.

Hay que escribir bonitas melodías cada día de esta corta existencia en este plano material.

Eso es lo que van a escuchar de nosotros cuando ya no estemos vivos.

Miguel Rico, Psicológo

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